Aporte de la Batalla del 30 de Marzo de 1844 a la Consolidación de la Independencia Dominicana
Las acciones de Talanquera (Dajabón) y Escalante (Guayubín-Montecristi), realizadas por la avanzada de las tropas dominicanas dirigidas por el general Francisco Antonio Salcedo con apenas 500 soldados, permitieron distraer en su camino hacia Santiago de los Caballeros a la fuerza superior de las tropas haitianas comandadas por el General Jean-Louis Pierrot, de aproximadamente 10,000 soldados. Los patriotas dominicanos lograron su propósito, al conseguir que las tropas haitianas en lugar de llegar en dos o tres días a Santiago lo hicieran en diez días, dándole el tiempo requerido a la Comandancia General para organizar la defensa de esa importante ciudad del Cibao.
Después de cambiar en
reiteradas ocasiones al comandante de la Plaza de Armas de Santiago, se hizo
cargo de la misma el general José María Imbert, quien había sido jefe del
movimiento independentista en Moca y sobre quien recayó la responsabilidad de
organizar la resistencia frente a las numerosas tropas enemigas, ya que en ese
momento, los delegados gubernamentales en el Cibao, generales Ramón Matías
Mella, Pedro Ramón de Mena y Francisco Vásquez, se encontraban, junto al
capitán José Desiderio Valverde, en San José de las Matas, reclutando tropas y
organizando las defensas en la Sierra (lado norte de la Cordillera Central), ya
que se esperaba que la invasión haitiana se produjera por el camino de la
montaña.
Desde el 27 de marzo de
1844, el general Imbert había iniciado el proceso de organización de la defensa
de la Plaza de Armas de Santiago, acogiendo la recomendación del ciudadano
británico -nacionalizado dominicano-, Teodoro Stanley Heneken, quien había arribado
al país desde Cabo Haitiano con importantes informaciones sobre la disposición
de la ofensiva haitiana y le sugirió que era necesario concentrar la mayor
fuerza posible para resistirla en Santiago a toda costa, ya que las fuerzas
dominicanas de Talanquera y Escalante no habían tenido éxito en aplicar el
método de guerra de guerrillas para detener su avance.
A pesar de haber logrado la
República Dominicana un triunfo convincente el 19 de marzo de 1844 en la ciudad
de Azua frente a las tropas haitianas del presidente Riviére Hérard, la
situación de los patriotas dominicanos en Santiago de los Caballeros era sumamente
angustiosa. Así lo revela un documento inédito fechado el 29 de marzo de 1844
enviado por la Junta Central Gubernativa -bajo la firma de los sectores
conservadores que la integraban- al Cónsul de Francia en Santo Domingo,
Eustache Juchereau Saint Denys, en los siguientes términos:
“DIOS, PATRIA Y LIBERTAD
Santo
Domingo, 29 de marzo de 1844.
La Junta
Central Gubernativa al Sr. Cónsul de Francia en esta ciudad.
Señor:
En las
actuales circunstancias, estando nuestras fronteras del Sud y del Norte
invadidas por los ejércitos haitianos que no conocen sino el pillaje y la
devastación, y sabiendo que el Almirante([2])
se encuentra a bordo de la fragata que ha anclado esta mañana, pensamos que es
indispensable, si la magnánima nación francesa quiere venir en ayuda de nuestra
noble causa, dar curso a nuestras iniciadas negociaciones, para detener los
criminales propósitos de nuestros opresores, que no llegarían sino en último
extremo a exterminar toda la población de Santo Domingo.
En esta
perplejidad, nosotros deseamos tener hoy con Ud. y con el Sr. Almirante
explicaciones que podrían ser útiles a su nación y a la nuestra.
Nosotros
esperamos etc. etc.
El
Presidente de la Junta, (firmados) Bobadilla, Jimenes, Moreno, Echavarría,
Delorve, Mercenario, Caminero, Valverde, Medrano. El Secretario de la Junta,
Pujol” (Emilio Rodríguez Demorizi, 1957, págs. 396-397).
Como puede apreciarse, la
situación era muy grave para las autoridades de Santo Domingo. El general
Santana no daba un solo paso, dada su táctica defensiva de repliegue y de
búsqueda de apoyo militar en una potencia extranjera, que en este caso era, sin
lugar a dudas, Francia. En tanto que el presidente haitiano Riviére Hérard se
hacía cada vez más fuerte en Azua. Cuando el Almirante francés Alphonse de
Moges visita a Riviére Hérard en su Cuartel General de Azua, el primero de
abril, y le invita a hacer la paz con los dominicanos, éste le muestra al
militar francés su formidable ejército y le expresa que en cuestión de días
estaría tomando la Plaza de Santo Domingo.
En comunicación enviada por
el Almirante, desde la Bahía de Ocoa, al Cónsul francés en Santo Domingo, Saint
Denys, le expresa que Riviére Hérard se pondría en camino hacia Santo Domingo
para tomarlo con su ejército de 12,000 efectivos entre oficiales y soldados,
que debían ser aumentados con una división de Léogane. Estas son las noticias
alarmantes que llegan a la consternada ciudad de Santo Domingo, en virtud de la
desconfianza que cubría como un gran manto a sus principales líderes políticos
y militares, quienes no creían posible que con el concurso activo del pueblo
dominicano en el proceso bélico se pudiera garantizar una nación libre e
independiente de toda dominación extranjera.
El 29 de marzo, el general
Jean Louis Pierrot, que venía avanzando hacia el Este por el camino de Dajabón
al frente de su columna expedicionaria, llega a las inmediaciones de Santiago,
donde divide su ejército en dos columnas de ataque: la izquierda bajo el mando
del general St. Louis y la del Sur comandada por él mismo. Antes del amanecer,
las tropas invasoras se atrincheran en Gurabito. Después de haber cruzado el
río Yaque del Norte y atrincherarse, el ala derecha se dirige hacia el camino
de La Herradura.
De su lado, el general José
María Imbert ordena al coronel Pedro Eugenio Pelletier, salir a la cabeza de
400 hombres de infantería, para establecer una avanzada, apoyada por 100
hombres de la caballería procedentes de San Francisco de Macorís. Simultáneamente
el general Imbert ordena ultimar los detalles estructurales de la defensa,
consistente en la fortificación de los Fuertes Dios, Patria y Libertad, la
terminación de los fosos de tiradores y trincheras, así como el emplazamiento
táctico de la media brigada de artillería de que disponía, lo que se hizo en
presencia suya. Asimismo, manda a buscar al capitán José María López que había
sido apresado injustamente en la ciudad de La Vega y lo pone al frente de la
artillería. Envía como exploradores al comandante Manuel María Frómeta y al
doctor Bargés para que averiguaran el paradero de las tropas haitianas, al
tiempo que intensifica los trabajos de defensa y dispone un conjunto de medidas
que le ganan la confianza del pueblo y de sus tropas.
Al amanecer, regresaron al
Cuartel General de Santiago, las patrullas de reconocimiento que encabezaban
Frómeta y Bargés, trayendo la alerta de que el enemigo se encontraba cerca,
acampado en el suroeste, en La Otra Banda, cerca del Paso de la Canoa, y en el
noroeste, en Gurabito, a orillas del río Gurabo. La situación era sumamente
grave; no había tiempo que perder.
Inmediatamente, el general
Imbert toma medidas urgentes: designa al coronel Pelletier, jefe de la línea o
recinto; hace bajar los cañones a los fuertes Dios, Patria y Libertad; nombra
al capitán López, jefe de artillería; coloca en los fosos de los fuertes y en
las trincheras a toda la gente de que podía disponer; designa al general
Francisco Antonio Salcedo y a otros oficiales al frente del fuerte de San Luis,
como retaguardia; hace cubrir todos los caminos con cuerpos de guardias, y, al
capitán Fernando Valerio con su compañía de Los Andulleros, lo coloca como
avanzada junto al cementerio viejo, siguiendo el camino que conduce al río
Yaque del Norte.
Aún el general Imbert no
había concluido totalmente su plan de defensa, cuando se presentaron las tropas
haitianas en columnas cerradas atacando la ciudad de Santiago. Sin embargo, lo
esencial estaba combinado y las tropas dominicanas estaban muy en sobre aviso.
Alrededor de las once de la mañana, el ala derecha haitiana se puso en
movimiento, cruzó el río Yaque del Norte por el paso de La Otra Banda y escogió
la Sabana (lo que es hoy el barrio de La Joya) para realizar el despliegue de
sus fuerzas, formadas como para un desfile, se dirigió rápidamente, en buen
orden y con las armas al hombro, precedida de un cuerpo de caballería, hacia el
flanco izquierdo de las tropas dominicanas, que era su punto más débil.
El coronel Pelletier, por
órdenes de Imbert, hizo transportar, a la velocidad de un rayo, la mitad de sus
hombres para reforzar el lado izquierdo de las tropas dominicanas, poniendo al
frente al comandante Archille Michell. Fue tanto el entusiasmo de las tropas
criollas, que los hombres que custodiaban la batería del centro, al ver que sus
compañeros se iban a la izquierda, se precipitaron también, dejando esa
posición casi sola. Pero al instante, el general Imbert ordenó al coronel
Pelletier su reemplazo por otro destacamento.
En estas circunstancias se
desarrolló el combate entre las tropas dominicanas y las tropas haitianas:
inició con una fusilería bastante intensa; ante la respuesta contundente de los
criollos, el enemigo se atemorizó y retrocedió, quedando algunos de los soldados
haitianos muertos por acción de las lanzas y machetes dominicanos. Sin embargo,
las tropas haitianas volvieron al ataque con mucha mayor intrepidez, a columna
cerrada, siendo detenidas por el fuego de metralla de las piezas de artillería,
provocando una mortandad que le hizo detener al instante en su marcha. De igual
manera, su caballería se retiró y no volvió a aparecer más en toda la acción.
Tiempo después, el enemigo volvió a la carga a columna cerrada y con el mismo
vigor fue recibido por las tropas dominicanas con las piezas de artillería, las
cuales causaron tantas muertes que renunciaron a hacer nuevos esfuerzos de ese
lado, y se retiró para juntarse con la otra columna.
Las tropas haitianas,
habiendo reunido todas sus fuerzas, atacaron por el lado derecho tan
furiosamente que una docena de ellos fueron a morir al pie de la batería de la
derecha, a mano de los dominicanos. Esa pieza de artillería le hizo sufrir
grandes pérdidas al enemigo, que, aunque rechazado una y otra vez, se presentó
varias veces en buen orden.
Por última vez, las tropas
haitianas se presentaron en columna cerrada, y la artillería dominicana le dejó
avanzar de frente, al tiempo que la pieza de la derecha descargó su metralla
sobre esa masa compacta, haciendo al centro un claro espantoso. Lo mismo hizo
la pieza de la izquierda, ocasionándole al enemigo una destrucción humana en
igual proporción que la anterior. Las tropas haitianas fueron diezmadas con esa
acción, que los soldados dominicanos de la batería de la derecha acabaron a
tiro de fusil. Fue así como el enemigo perdió enteramente su ánimo y cesó toda
tentativa de ataque. El combate había comenzado alrededor de las doce del
mediodía y concluyó al filo de las cinco de la tarde.
Entonces, las tropas
haitianas al mando del general Pierrot enviaron un parlamentario por ante las
tropas dominicanas, que se presentó por ante el coronel Pelletier y varios
oficiales más. El general Pierrot solicitó una suspensión del fuego para
recoger a sus muertos y heridos, al tiempo que pidió garantías para retirarse a
su país sin ser asediado por las tropas dominicanas, momento que aprovecharon
éstas para informarles a aquellas que el general Riviére Hérard había muerto en
los combates de Azua. Ante esa información, el general Pierrot no esperó la
respuesta de rigor del general José María Imbert y se retiró en el mayor
desorden, dejando tras de sí a sus muertos y heridos, sus calderos, tambores,
víveres y un conjunto de objetos más, ya que vio en ésta la oportunidad de ser
presidente de la República de Haití. En su retirada, las tropas haitianas
fueron atacadas en varios puntos por las tropas dominicanas de la Sierra que
comandaba Ramón Matías Mella, las cuales no tenían información sobre la rendición
de estas, causándoles importantes bajas.
Los personajes más
destacados en todo el trayecto de la Batalla del 30 de Marzo de Santiago de los
Caballeros fueron: general José María Imbert, general Francisco Antonio
Salcedo, coronel Pedro Eugenio Pelletier, coronel Ángel Reyes, coronel Toribio
Ramírez, capitán Fernando Valerio López, capitán José María López, comandante
de ingenieros Archielle Michell, comandante Manuel María Frómeta, así como los
oficiales Ciprián Mallol, Juan Luis Franco Bidó, Ramón Franco Bidó, José
Nicolás Gómez, Lorenzo Mieses, Dionisio Mieses y Marcos Trinidad López, entre
otros.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Academia Dominicana de la Historia (1935),
Clío, Noviembre-Diciembre 1935, Santo Domingo, ADH.
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Manuel (1992), La Independencia Dominicana, Madrid: Editorial Mapfre.
CASSÁ, Roberto (1999), Antonio Duvergé:
Primer Guerrero de la Independencia, Santo Domingo: Tobogán.
DE LA CRUZ, Juan (2015), Independencia
Nacional, Campañas Militares y Participación Popular, Santo Domingo: Impresos
La Escalera.
DE LA CRUZ, Juan & RODRÍGUEZ, Miguelina
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Domingo: Grupo de Investigación para la Acción Comunitaria (GRIPAC).
GARCÍA, José Gabriel (1888), Partes oficiales
de las operaciones militares realizadas durante la Guerra Dominico-Haitiana,
recopilados y ampliados con notas por José Gabriel García, Santo Domingo:
Imprenta de García Hermanos.
GARCÍA, José Gabriel (1890), Guerra de la Separación
Dominicana. Documentos para su estudio, coleccionados y ampliados con notas por
José Gabriel García, Santo Domingo: Imprenta de García Hermanos.
GARCÍA, José Gabriel (1982), Compendio de la
Historia de Santo Domingo (Tomos I-IV), Santo Domingo: Central de Libro, C. por
A.
RODRÍGUEZ DEMORIZI, Emilio (1957), Guerra
Dominico-Haitiana, Ciudad Trujillo: Academia Militar Batalla de Las
Carreras-Aviación Militar Dominicana.
[1] Juan de la Cruz. Historiador, Comunicador Social y Filósofo. Profesor de la Escuela
de Historia y Antropología de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).
Director del Instituto de Historia de la UASD y de su Revista ECOS durante los
años 2009/2011. Premio Nacional de
Historia 2017 “José Gabriel García” otorgado por el Ministerio de Cultura de la
República Dominicana por su obra “La Guerra de la Restauración: Triunfo del
Pueblo Dominicano en Armas”, Premio de Ensayos “Pedro Francisco Bonó” en la
Fundación Global Democracia y Desarrollo (FUNGLODE), en el año 2012, por su
obra “La Filosofía Política y Jurídica de Juan Pablo Duarte”. Ha
publicado hasta el presente 13 obras de historia, filosofía, poesía y temas
afines las ciencias sociales, así como miles de artículos, crónicas y ensayos
en diferentes periódicos y revistas especializadas.

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